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La Luna rige cuerpo, mente y espíritu:

la femineidad, la intuición y la profundidad.

Ella nutre la imaginación, crea los sueños,

y a través de las emociones marca el ritmo de la vida. Además, simboliza el aspecto inconsciente del ser humano y por ello está ligada a la memoria de los tiempos y a la espiritualidad.

Así, las 4 fases lunares se traducen en

estados creativos:

Luna Nueva: calma, armonía, frescura, amabilidad y liviandad.

Luna Creciente: intuición, movimiento, clarividencia, esoterismo y magia.

Luna Llena: intensidad, expresión, inquietud, dinamismo, instinto y pasión.

Luna Menguante: introspección, reflexión, hermetismo, profundidad y oscuridad.

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